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El cuento del violinista

viernes, septiembre 14, 2012 @ 12:09 PM
posted by josue19

no hija, ya te he dicho una y mil veces que Eduardo no te conviene para esposo,

no tiene ning煤n porvenir. Es un bohemio; no es por dese谩rselo,
pero una de tantas va a parar muy mal….
Los rega帽os constantes torturaban la mente del Maria del Rosario,
que enamorada de Eduardo, le importaban poco sus vicios
y lo que de 茅l se dijera. Estaba dispuesta a llevar hasta
el 煤ltimo momento su noviazgo con el apuesto m煤sico
que era el motivo de su vida, el hombre que ella realmente
amaba con todas la fuerzas de su ser.

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Los domingos, cuando los padres de Maria del Rosario
dispon铆an llevarla a sitios de recreo, ella pon铆a cualquier聽
pretexto para quedarse en casa, sobornar a la criada y verse a solas con Eduardo.聽聽聽聽聽
El muchacho se la ingeniaba para saltar por la聽 parte trasera de la casa
y verse en el amplio jard铆n con la mujer de sus sue帽os.
Cuando el sabia que los padres no estaban, aprovechaba para llevar su peque帽o estuche
y sacar el viol铆n para que su amada escuchara lo que el tocaba,
con sentimiento y dedicatoria para la mujer que聽 茅l amaba intensamente.聽
Las visitas se sucedieron una tras otra y a pesar de que los padres se segu铆an聽
聽oponiendo a las relaciones, ella cada d铆a lo amaba m谩s y m谩s.聽
聽 Aquel amor plat贸nico lleg贸 a un extremo tr谩gico cuando a Eduardo
le negaron definitivamente la amistad de Mar铆a del Rosario,
al enviarla lejos del solar patrio,
rumbo a un colegio ingl茅s de donde no regreso jam谩s.聽
Eduardo se dedic贸 a la bebida, llegando al extremo de dar conciertos
en los fondines de baja estofa. Ganaba 煤nicamente para beber licor,
para ahora sus penas y olvidar u pasado que le atormentaba brutalmente.
Por aquellos lejanos a帽os hab铆a peque帽os bares donde la pianola,
la guitarra o bien la marimbita de聽 acero hac铆a m谩s agradable el聽 momento
a los parroquianos. Eduardo en uno de esos lugares laboraba,
ejecutando con su viol铆n las mas bellas canciones rom谩nticas de la 茅poca,
haciendo estremecer el coraz贸n de los bohemios que all铆 tomaban alegremente.
guayo, t贸cate algo dela viuda alegre.
solicitaban los consumidores, el pago era otra copa repleta
que el tomaba para sumirlo m谩s en la desesperaci贸n, en el vicio y en la soledad.聽
Sal铆a despacio, poco a poco, cuando cerraban el negocio y ya no hab铆a a quien entretener.
Eduardo聽 viv铆a en un peque帽o cuarto del Callej贸n de Santa Teresa,
聽 y hacia all铆 encaminaba sus pasos聽 pensando en alguien que muy lejos estaba,
ignorando sus desgracia y desesperaci贸n.
聽 All铆 platicando con la almohada y llorando como un ni帽o,
se quedaba dormido para despertarse al otro d铆a muy temprano
y salir nuevamente con el viol铆n bajo el brazo a dar algunas clases de m煤sica
a hijos de padres acomodados.
Guayo se conformaba con pasar frente a la casa donde
hab铆a vivido Maria del聽聽聽 Rosario,con ver el viejo balc贸n,
la puerta grande y otras cosas que le parec铆an familiares;
sent铆a un alivio transitorio y nuevamente su pensamiento
volv铆a lejos, muy lejos, quien sabe a que regiones distantes.聽
Un d铆a de tantos聽 que pasaba frente a la casa vio que la Petronila,
la criada de la casa de confianza, sal铆a completamente de luto
corriendo hacia la casa de enfrente. Eduardo se quedo como paralizado
viendo que el movimiento se acrecentaba a cada minuto.
Cuando la criada regres贸 le pregunt贸 con disimulo qu茅 pasaba
鈥 Por Dios Santo, don Guayo 鈥 exclamo la Petronila-
la ni帽a muri贸 hace 15 d铆as, y hasta hoy supimos la noticia …..
La nueva invadi贸 el raqu铆tico cuerpo y coraz贸n de Eduardo
y lo sacudi贸 desde las u帽as hasta el cabello:
se quedo pensativo a media calle y nuevamente emprendi贸 el camino聽聽聽
聽 rumbo a su cuarto del callej贸n de Santa Teresa.聽
De all铆 no sali贸 hasta tres d铆as despu茅s, la tristeza lo agobiaba
y una tos constante lo hacia su v铆ctima;
caminaba como un aut贸mata por las calles, sin saludar a nadie.
Un d铆a de tantos, una ma帽ana lluviosa y gris como su existencia,
lo encontraron muerto en el cuartucho del viejo callej贸n.
聽聽聽 Los pocos amigos que ten铆a, como pudieron reunieron dinero
para comprarle un tosco ata煤d,
meterlo en el mismo y darle cristiana sepultura.聽
Cuando le vieron por ultima vez antes de introducirlo en la fosa,
notaron en su cara una sonrisa de satisfacci贸n,
quiz谩s adivinando el pr贸ximo encuentro con su amada,
a la que ya no volvi贸 a ver desde que se fue para siempre.聽
Contaban los vecinos, y especialmente la Petronila,
que por las noches de luna en el enorme jard铆n de la casona antigua
se escuchaban sus pasos y las notas del viol铆n hac铆an mas notorias
cuando el viento soplaba en sentido favorable.

 

 

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