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Himno de Colombia

  

El Himno Nacional de Colombia, llamado oficialmente Himno Nacional de la República de Colombia, fue escrito por el presidente Rafael Núñez en 1887, originalmente como una oda para celebrar la independencia de Cartagena, y fue interpretado por primera vez el 11 de noviembre del mismo año, día en que se celebra tal evento. 

La música fue luego compuesta por el italiano Oreste Síndici a instancias del actor José Domingo Torres, durante la presidencia de Rafael Núñez y presentado al público por el propio Gobierno en el salón de grados del Palacio de San Carlos el 6 de Diciembre de 1887. La canción adquirió gran popularidad y fue rápidamente adoptada, aunque de manera espontánea, como el himno nacional de Colombia. 

La proclamación oficial llegó en la forma de la ley 33 del 28 de octubre de 1920. La ley 198 de 1995, la cual legisla los símbolos nacionales, convirtió en obligatoria su difusión en todas las emisoras de radio y televisión del país tanto a las 6:00 h como a las 18:00 h (este último medio, en horario variado para los privados de señal abierta y no aplicable a canales nacionales de TV por cable), así como en la intervención pública del Presidente de la República y demás eventos oficiales. 

Durante el conflicto fronterizo con el Perú (1932-1934), los soldados que defendieron la soberanía nacional entonaban un estribillo en la introducción de las trompetas al entrar al frente de batalla, acorde con el momento bélico que la nación vivía. Aquella estrofa transitoria sostenía lo siguiente: 

  

Hoy que la madre patria se halla herida
Hoy que debemos todos combatir, combatir.
Demos por ella nuestra vida
Que morir por la patria no es morir, es vivir.

Esa introducción se les enseñaba a los alumnos en las escuelas de primaria en los años 30 según el historiador José Antonio Amaya, y todavía por los años 50 se seguía enseñando. 

  

   

Coro:
¡Oh gloria inmarcesible!
¡Oh júbilo inmortal!
¡En surcos de dolores
el bien germina ya!
I
¡Cesó la horrible noche! La libertad sublime
derrama las auroras de su invencible luz.
La humanidad entera, que entre cadenas gime,
comprende las palabras del que murió en la cruz.
II
“¡Independencia!” grita el mundo americano;
se baña en sangre de héroes la tierra de Colón.
Pero este gran principio: “El rey no es soberano”,
resuena, y los que sufren bendicen su pasión.
III
Del Orinoco el cauce se colma de despojos;
de sangre y llanto un río se mira allí correr.
En Bárbula no saben las almas ni los ojos,
si admiración o espanto sentir o padecer.
IV
A orillas del Caribe hambriento un pueblo lucha,
horrores prefiriendo a pérfida salud.
¡Oh, sí! De Cartagena la abnegación es mucha,
y escombros de la muerte desprecia su virtud.
V
De Boyacá en los campos el genio de la gloria
con cada espiga un héroe invicto coronó.
Soldados sin coraza ganaron la victoria;
su varonil aliento de escudo les sirvió.
VI
Bolívar cruza el Ande que riega dos océanos;
espadas cual centellas fulguran en Junín.
Centauros indomables descienden a los Llanos,
y empieza a presentirse de la epopeya el fin.
VII
La trompa victoriosa en Ayacucho truena;
y en cada triunfo crece su formidable son.
En su expansivo empuje la libertad se estrena,
del cielo americano formando un pabellón.
VIII
La Virgen sus cabellos arranca en agonía
y de su amor viuda los cuelga del ciprés.
Lamenta su esperanza que cubre losa fría,
pero glorioso orgullo circunda su alba tez.
IX
La patria así se forma, termópilas brotando;
constelación de cíclopes su noche iluminó.
La flor estremecida, mortal el viento hallando,
debajo los laureles seguridad buscó.
X
Mas no es completa gloria vencer en la batalla,
que al brazo que combate lo anima la verdad.
La independencia sola al gran clamor no acalla;
si el sol alumbra a todos, justicia es libertad.
XI
Del hombre los derechos Nariño predicando,
el alma de la lucha profético enseñó.
Ricaurte en San Mateo en átomos volando,
“Deber antes que vida”, con llamas escribió.